domingo, 8 de agosto de 2010

La Universidad Rural Paulo Freire: un ejemplo de revolución tecnológica campesina; un modelo de pedagogía política solidaria.

¿Se puede salvar aún el inmenso caudal de tecnología que atesoran las últimas maestras  y maestros de la sabiduría campesina en Europa y en España?

¿Se puede, a partir de ahí, urdir un saber cooperativamente construido desde la investigación,  que reivindique y enaltezca el denigrado mundo rural y le ofrezca una red de formación y divulgación de cultura al más alto nivel?

¿Se puede avanzar desde esos saberes hacia un futuro global más libre, urbano y rural pero equilibrado y con alternativas sanas a la imposición implacable del actual modelo económico y su tecnología agroalimentaria monopolista y destructiva?

A estas cuestiones, se propusieron responder hace 6 años algunos grupos de agricultoras y ganaderos y  habitantes del mundo rural al que nos hemos ido sumando progresivamente otros defensores de un mundo rural vivo.

A primeros de febrero de 2008 nos volvimos a encontrar en Cerezo de Abajo (Segovia) una cincuentena de personas para avanzar definitivamente en la puesta en marcha del proyecto de Universidad Rural Paulo Freire (URPF), reflexionar cooperativamente, presentarnos nuestros trabajos y disfrutar del aire de la sierra, el lechazo y alguna que otra fiesta.

Una de las cuestiones que perfilamos fue reconocer que estos saberes y  tecnologías formaron y forman parte de un saber global, plural y adaptado a los diferentes geografías pero que constituye un todo homogéneo, de una gran eficacia comprobada a lo largo de siglos, que comprende todos los aspectos de la vida comunitaria, (reproducción, crianza, alimentación,…) y del trabajo productivo y que se nos ofrece con un certificado de sostenibilidad evaluado con criterios milenarios.

Y se atesora en una pocas personas sabias, hoy en día casi especie en extinción, porque son ancianas y porque su modelo de vida y de producción de calidad, austero energéticamente y sustentable, así como su modelo de enseñanza aprendizaje, el de la práctica compartida, se desdeñó y rechazó hace 50 años. Casi nadie quiso darse cuenta de que esa inestimable biblioteca humana estaba a punto de evanescerse para siempre, al igual que las miles de semillas y especies que los grandes monopolistas retiran del mercado pero patentan a su nombre.

El mundo rural sufre de una visión foránea que o bien lo desprecia o minusvalora como algo caduco, o bien desearía reducirlo a un paisaje bucólico y virgen para el disfrute ocasional de los desesperados urbanitas. Desde esa parte del mundo, con las gafas del modelo liberal hegemónico, se olvida que cualquiera de esos paisajes es el fruto de miles de horas trabajando por una producción equilibrada con el mantenimiento y enriquecimiento del medio. Igual que cualquier  alimento es el resultado de decenas de siglos de investigación para el bien común: una patente libre pero inviolable de la humanidad en la que todos los pueblos y a lo largo de todas las épocas han colaborado.

Y además, que ese modelo del mundo campesino es por una parte la base de la vida de muchísimas personas y por otra la demostración de un modelo de economía, sociedad y cultura más responsable social y ecológicamente que cualquieras de las variedades del publicitado modelo neoliberal lleno de burbujas financieras o energéticas. Cada explosión de una de estas burbujas arruina a millones y mata a miles, pero los defensores del modelo siguen llenándose la boca de sus bondades y despreciando el modelo campesino. Que aún se atrevan a hablar pese a su evidente fracaso debe ser tema de la sociopatología o algo peor.  Porque además hay muchos y sensatos pensadores sociales y económicos que han venido denunciando las evidentes desnudeces de ese gran traje del emperador que se empeñan en vendernos (como por ejemplo y sin ir más lejos nuestro admirado Jose Luis Sampedro)

Quede al menos al menos claro que proyectos como la URPF (y algunos de sus promotores como Plataforma Rural y el referente internacional de Vía Campesina) están empeñadas en la construcción de una cadena de estaciones de experimentación de futuro, basada en nuestro modelo campesino, lo que quiere decir experimentación pausada, flexible y adaptable por su bajo consumo específico.

Por eso, este proyecto de URPF es en realidad una alternativa al actual modelo hegemónico que en vez de aportar libertades ofrece monopolio y cuando menos, sombras siniestras de contaminación y despoblamiento,  y cuando más horizontes apocalípticos de monocultivos dependientes, cambios climáticos severos y posibles emigraciones masivas e  inevitables.

Y si se trata de hablar de las carencias culturales, aleluya. Porque esa es una de las demandas más estridentes del mundo rural. Nunca administración alguna se ha planteado invertir aquí (para qué: somos pocos, somos viejos, somos incultos, es caro…). Y además y en aras del ahorro, se nos expropia ineludiblemente la juventud en cuanto ésta desee obtener una mínima formación superior, aunque la validez de dicha formación sea sospechosa o fraudulenta, sobre todo si se plantea de cara a este mundo rural que a todos sustenta.

Por eso el propósito de crear esta red de formación en la mejor cultura rural: por justicia, por dedicación e interés y porque su modelo entendemos es básico, la base y quizás la única base, para un futuro esperanzador.

Se trata en definitiva de recuperar y aprovechar lo mejor del modelo campesino para enriquecer el mundo rural con una multiplicidad de centros de investigación y debate para mantener el mundo rural vivo, eficiente y valorado. Un mundo rural atractivo para la juventud como nunca debió dejar de ser.

Hoy son ya 14 grupos (los 9 oficialmente constituidos y otros cinco que se sumaron en este encuentro de Cerezo de Abajo) abarcando desde las riberas del Eume hasta las sierras de Cádiz y Ronda y desde los llanos de Alburquerque hasta los campos periurbanos de Barcelona.

El proyecto de Universidad Rural Paulo Freire pretende extender esa red comarcal e ir creando dos o más cátedras en cada una de las sedes  sobre actividades que recuperando aquellas tecnologías pasadas, ofrezcan e investiguen un futuro alternativo y viable.

El desarrollo de esta iniciativa se sustenta a su vez en el principio de la deuda histórica del campo: toda inversión en el campo para mantener su sabiduría y su diversidad es poca, porque la deuda de las ciudades con el mundo rural es multimillonaria y porque además, es la mejor inversión para todos.

El día 20 de junio de 2008 se presentó de forma oficial el Proyecto de la URPF en Madrid, con un acto de oferta y reconquista  del espíritu rural de nuestra urbe capitalina.  Un acto que se pretendió festivo, sabio y sensible, es decir, una reflexión de calidad acompañada de productos sanos, emoción y una buena rondalla.

 Como es de esperar de un mundo acogedor y hospitalario como el rural, ésta es también una invitación a participar en este proyecto, una invitación solidaria porque invitamos a crear el espacio libre, justo y sano del futuro y a creer en una reivindicación transparente como el aire de la sierras y los llanos donde trabajamos y vivimos. Una actuación directa y eficaz como el pensamiento y la acción de nuestras maestras y nuestros sabios: los viejos patrocinadores del saber campesino.

Adaptación del Original editado en
“Entrenosotros, nº 2”, Junio 2008, CAS-ONG; Madrid.